martes, 2 de noviembre de 2010


Los judíos habían sido llevados en cautividad a Babilonia (587-538a.C.) a causa de la multitud de sus pecados.Dios es quien, conforme a su misericordia, lleva al hombre en cautiverio y lo aflige a causa de sus maldades para efectuar una obra en él (Lam.2:17) (Sal.119:75) y también quien por su misericordia (pues nunca lo desamparó) lo hace volver de la cautividad, restaurándolo completamente. 
 
En este salmo se da por hecho que así es: Dios lo hizo y Dios volverá a traer a su pueblo de la cautividad. Se vislumbra por tanto, la esperanza de un futuro “rescate o liberación” y se expresa un clamor, una súplica: ¡Dios, restáuranos, Oh Dios de nuestra salvación!

(vs. 1-2)<<Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: grandes cosas ha hecho Jehová con estos.”>>

LOS VISIBLES EFECTOS DE LA RESTAURACIÓN

El cautiverio (tanto físico como espiritual) priva al hombre no solamente de libertad y posesiones, sino también lo embarga de tristeza y aflicción de espíritu, añoranza, desánimo. Leer Salmo 137: 1-6. Uno se siente en “tierra de extraños”.

a)    << “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan.”>>

Cuando Dios comienza la divina obra de restauración en el ser humano sacándolo de su cautiverio, éste empieza a vivir y a soñar.
Imaginémonos por un momento qué alegría e inmenso regocijo sentirían aquellos que de volvían camino a su tierra (Jerusalén) Irían cantando, llorando de alegría y felicidad ¡Qué sensación más maravillosa! Un segundo éxodo. Cuando uno no siente más el peso de su cautiverio; ha sido hecho libre.
Pero las aflicciones, las tristezas y las inquietudes del corazón de una vida caída quitan el sueño y turban el alma y el espíritu, en el invisible interior de la persona. Y es allí precisamente donde Dios comienza su obra: Dios sana el corazón, saca “el alma de la cárcel” (Sal.142:7) y libera el espíritu oprimido, sacándolo de su caído y contaminado estado.

<< “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”>> (Sal. 40:1-2)

Entonces surge la esperanza, la alegría, la ilusión, los anhelos… el hombre empieza a vivir, a soñar y no solamente a soñar sino a alcanzar estos sueños. ¡Increíble la obra que Dios ha hecho y está haciendo en mi vida! ¡Parece difícil de imaginar! ¿Es todo esto realidad?
Surge ante nosotros todo un nuevo mundo de posibilidades, un amor y una gratitud renovados hacia el Señor que lo ha hecho posible.

b)   <<“Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza;”>>

Pero hay también toda una serie de “visibles efectos” externos de esta interior obra en el ser humano: “El corazón alegre hermosea el rostro” (Pr.15:13); lo ilumina de tal forma que esa cara que es el “espejo del alma” irradia luz, paz y gozo:

<< “Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios…

·        La boca se llena de una saludable risa y
·        La lengua se llena de la alabanza que del redimido corazón brota.
¿Quién de nosotros que ya lleva alguna andadura en el Señor no ha experimentado esta realidad?

c)    <<“Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.”>>

             Visible gracia de Dios: un testimonio vivo.

Cuando Dios cumplió su promesa de restauración y los hebreos empezaron a volver de “tierra de extraños” a su propia tierra las gentes lo vieron se llenaron de temor y admiración. Dios despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, quien proclamó palabras asombrosas (Esdras 1:2-4) ¿No quedarían asombrados los súbditos y ciudadanos de su reino? Dios estaba llevando a cabo su gloriosa obra.

Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.”>>(Sal. 40:3)

Estos efectos (la vida cambiada y restaurada de las personas) son “visibles” a los ojos de todos y producen temor y fe en muchos. Son un testimonio vivo de la gloriosa obra de Dios.
Cuando Dios levanta a un hombre del muladar (estercolero) de la vida—sea cual sea su pecado—y lo hace sentar con príncipes, las gentes abren su boca en estupor y asombro. Asimismo cuando Dios me restaura y me saca de la cautividad espiritual, la apatía y la tierra “seca y árida”, los hermanos se gozan diciendo:<<"Grandes cosas ha hecho el Señor con éste">>

Las personas no pueden ver a Dios, pero Su obra y los efectos Su gracia en la vida del  hombre son visibles a todos: creyentes y no creyentes. Una vida transformada por Dios es un poderosísimo e innegable testimonio de la obra de Dios en el hombre.

(vs.3)<<Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.”>>

Este salmo posiblemente se escribiese con motivo de la conmemoración del regreso del cautiverio. Constituye uno de los salmos llamados “graduales o ascensos”, aquellos que cantaban los peregrinos mientras iban a Jerusalén con motivo de la celebración de las fiestas. Mientras recordamos las grandes obras que Dios ha hecho con nosotros, nuestros corazones han de llenarse de alegría y gratitud.
Así pues, esta obra divina de restauración constituye también un testimonio para nosotros mismos de manera que tengamos gratitud y sirvamos a Dios con temor y reverencia (Heb.12:28).
Si esta obra en nuestras vidas despertó una reflexión en las gentes que no conocen al Señor ¡cuánto más debe inspirar nuestra propia meditación y exclamación de gratitud! La Palabra de Dios nos invita a ser agradecidos: “¡Estemos alegres!” pues el Señor nos ha visitado y nos ha hecho bien.

Cuántos versículos en las Escrituras nos exhortan a reconocerle y ser agradecidos: (Sal.5:11; 9:2; 20:5; 32:11; 33:1; 64:10; 94:19)… etc., por citar algunos.

<<“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”>> (1ªTes.5:18)

Pensar y reflexionar en las cosas que Dios ha hecho con nosotros constituye, principalmente en momentos de crisis y tribulación, un buen remedio para confiar en lo que él hará en el presente o en el futuro (véase Salmo 77, en especial vss.1-15) El Señor no desamparará a su pueblo. Démosle pues “acciones de gracias”  y “regocijémonos” anticipadamente en el Señor por lo que él hará. (Filip.4:4-6)

No solamente debemos estar alegres por las cosas que el Señor ha hecho por nosotros. La Escritura nos anima también a orar y confiar en la obra que el Señor sigue haciendo y hará; aquellas cosas que creemos y nos alegramos y saludamos por la fe que Dios obrará en nuestras vidas.

(vs.4) <<Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, como los arroyos del Neguev.”>>

Ahora viene el ruego, el clamor, la súplica del salmista: ¡Haznos volver de nuestra cautividad, como los arroyos del Neguev!

El Neguev (“el seco o el sequedal”) es la parte septentrional de Palestina (sur de Judea) que fue asignada a Judá y a Simeón. Era, como su nombre indica, un lugar muy seco y donde los pozos de agua cobraban una especial significancia. Había pocas precipitaciones. El agua era más bien escasa y solo algunas zonas eran, con mucho esfuerzo, cultivables. Por eso sus moradores utilizaban complejos sistemas para almacenar y conservar el agua.

La gran mayoría de los ríos de Palestina son ríos de estación (aparte del Jordán y alguno que otro más). Los cursos de estos ríos dependen de las nieves y tienen máximos caudales en mayo-junio (Josué 3:15), pero la mayoría se secan en verano (1ªReyes17:7), especialmente aquellos de la región del Neguev.
En otoño llueve y hay grandes crecidas que hacen que el agua discurra abundantemente por los arroyos del Neguev, regando y renovando la vida de toda la región.
¡Restáuranos oh Dios!

Ahora compara el salmista de una manera muy gráfica el anhelo de su “seca” alma con la árida tierra del Neguev.

Estas palabras describen el estado espiritual y anímico del salmista. Está literalmente “seco” como los arroyos del Neguev que se han evaporado durante las calores del verano cf. (Sal.63:1)

Pero está anhelando que las lluvias de lo alto, desciendan sobre su reseca vida, de manera que, como estos arroyos descienden llenos de agua sobre aquella árida tierra y la llenan de frescura y esplendor, así riegue, la bendición de Dios el desierto de su alma refrescándola y devolviéndole la vida. ¡Qué figura tan maravillosa! Verdaderamente nuestro Dios puede volvernos a la vida, puede consolar, avivar y restaurar nuestras vidas para gloria de su Nombre.

(vs.5-6) <<Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.”>>

Sin embargo la espera es dura y difícil. Dice la Escritura que “el deseo cumplido es árbol de vida”, sin embargo: “la esperanza que se demora es tormento al corazón” (Prov. 13:12)

¡No es fácil esperar!  No obstante ninguno de cuantos han sembrado y derramado su corazón y sus lágrimas delante de Dios será avergonzado, sino que al fin con regocijo segarán  y llenarán su regazo de las gavillas. Sin embargo…

¡Hay que trabajar!

Dice el apóstol Santiago que: El labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” (Stg.5:7-8) Esperamos la bendición de Dios; no obstante, el labrador tiene que haber trabajado primero para participar de los frutos (2ªTim.2:6), es decir, hay un trabajo previo que hacer y en el que perseverar hasta que recibamos la bendición.

Todo esto forma parte de la misma vida, y no hay lo uno sin lo otro. No hay vida sin muerte; no hay gloria sin sufrimiento; no hay exaltación sin humillación; ni cosecha sin siembra, ni regocijo sin haber derramado lágrimas.

<< “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.”>> (Joel 2:12-13)

<< “Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?”>> (vs.15-17)

Cuando hay arrepentimiento sincero y conversión genuina a Dios; cuando el ayuno el quebrantamiento y el cilicio externo muestran la realidad del interior; cuando existe verdadera entrega, rendición y restitución a la parte/s ofendidas, ¡HAY RESTAURACIÓN!

<<“Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: he aquí yo os envío pan, mosto y aceite y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio (vergüenza) entre las naciones.”>> (vs.18-19)

<<“Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas.”>> (vs.21)

La bendición es “el fruto” (las gavillas), lo cual produce un inmenso regocijo (grito de alegría), y está asociado a la liberación del cautiverio y la restauración (cuyo fruto es tristeza, gemido, dolor, llanto y sufrimiento Sal.137) 

Dios envía la lluvia temprana y la tardía;  pan, mosto y aceite (vs.19); envía su Espíritu lo derrama sobre nosotros y renueva nuestras vidas para gloria de Dios. 
¡Bendito sea Dios por su obra de restauración en nosotros! 
Estoy convencido, persuadido--como dijera el apóstol Pablo--de que Aquél que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. A él sea la gloria. Amén.

1 comentario:

  1. Este es el salmo de mi vida, siempre ha llenado mi alma y es la primera vez que veo un comentario sobre este (126) me parece muy acertado y lleno de vida, Dios te bendiga y te siga usando en todo lo que hagas.

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